Fui al teatro. Que maravilloso el teatro. Completamente vacío. El, yo, el eco y el escenario. Tanta gente tanto ruido tantas cosas que no estaban y que habrán pasado por esas tablas… y ninguna palabra. Porque es un teatro de señas, de sordomudos. Como esas discusiones geniales que se dan en el subte entre sordomudos, discusiones muy muy caldeadas, y en completo silencio. Es impresionante. Y me parece hermoso. Es una pena cualquier sentido que se pierda menos el común. Pero me encantaría resolver lo peor de mi en completo silencio.
Mientras buscaba distraídamente manchas de vómitos en la alfombra pensaba:
Que aburrido estoy y ella también. Uh, otra vez estos momentos mentales, voy armando mi propio dolor, la vida es un gran construirme mi propio infierno de trabas y versiones de mi que tienen algo de que quejarse o que alabar y en realidad nada. Y por que no llamar a erecciones en vez de a elecciones? Y bla y bla… no me da la vida para decir un momento.
Tendría que dignificar un poco las cosas, entonces llevaría la duda a lugares elevados, y lo plantearía todo, claro que jamás dejaría que la duda, en si, se vuelva la respuesta a todas las cosas. Sería un desperdicio del poder del capricho humano.
Por qué no aparece atravesando la pared una carreta con una compañía teatral fantasmagórica que me llene de gente con nombres simpáticos sacados de condimentos y condes y condesas tan importantes altaneros y libres que sean capaces de vivir felices y plenos en una simple nuez. Cuyo universo todo se base en la única ley: cara o seca, una moneda lanzada al aire una eternidad.
El que sepa de qué lado va a caer al final que se pegue un tiro al principio, el que trate de atraparla para si, que trate nomás, es al pedo, no se puede.
Llegó a mi cabeza este loco Pollock que manchaba los lienzos con pintura y decían que hacia arte, y presumiblemente lo hiciera, es más, algunos me gustan. Sobre todo la impronta de lo original, la intensidad de la pincelada que le dicen, es decir, todo es irrepetible, como los momentos, si lo ves, si decís “voy a hacer esto”, ya hacelo, no lo dudes, crea un momento perfecto, un original, por que no se repite más. Por que perdido ya lo tenés. Todo momento está perdido hasta que demuestres lo contrario. Hacé como Ella, regalame un original hasta cuando le pongas azucar al té.
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